Salud Publica

Un recorrido de dos centurias por la salud pública

Para mejorar el acceso y la calidad de la atención sanitaria de la población es preciso saber dónde estamos parados, y, en ese contexto, la planificación funciona como mapa para alcanzar el lugar deseado. Es imprescindible conocer de dónde venimos y hacia dónde vamos, en aras de una mejor salud.

A mediados del siglo XVIII, Buenos Aires era una aldea de higiene precaria con abundantes desperdicios, animales salvajes y roedores, en la que sólo había diez médicos para atender a 15.000 habitantes.
En la ciudad no existían los sistemas cloacales y los deshechos de las letrinas contaminaban las napas de donde se extraía el agua para beber. Las epidemias azotaban periódicamente a la población.
En 1778, el virrey Juan José de Vértiz creó el Protomedicato, la primera institución estatal de higiene pública; y Miguel O’ Gorman, su titular, dio vida a su vez a la Junta de Sanidad, que introdujo mejoras en los hospitales, y a dos leprosarios. Además, impulsó medidas básicas de saneamiento ambiental, como la entrega de agua potable a través de los aguateros, la construcción de letrinas y la recolección de residuos.
Por iniciativa de O’ Gorman, en 1801 se fundó la primera escuela de medicina y cirugía de Buenos Aires. También en esta época se creó el Hospital de Hombres y el Hospital de Mujeres.
La gran cantidad de niños abandonados en las calles, que a menudo eran atropellados por carruajes o devorados por perros, llevó a la creación de la Real Casa de Expósitos, que luego se llamaría Casa Cuna. Actualmente, el porteño Hospital Pedro de Elizalde.
Hacia 1860, la población crecía a ritmo acelerado, mientras que la ciudad tenía una infraestructura sanitaria insuficiente. La mayoría de los inmigrantes se alojaban en conventillos, donde vivían hacinados y en condiciones socio-sanitarias deficientes. Los principales factores de contaminación eran las aguas servidas, la industria de los saladeros y el precario sistema de inhumaciones.
Las sucesivas epidemias de viruela, cólera y fiebre amarilla se cobraron una gran cantidad de vidas y dejaron en claro la necesidad de realizar obras de saneamiento estructurales.
En 1871, la corriente “higienista” destacaba la necesidad e importancia de un ambiente limpio, ya que se pensaba que las “miasmas” o vapores malignos emanados de los cuerpos enfermos y sustancias en descomposición transmitían las enfermedades.
Sus pioneros en la Argentina fueron Guillermo Rawson y Eduardo Wilde. En esa misma línea impulsaron diversas transformaciones sanitarias como la imposición de la cuarentena, el fumigado de barcos y el aislamiento de los enfermos. También se construyeron desagües cloacales, lo que contribuyó a la disminución de diversas enfermedades, y se modificaron las prácticas funerarias y la localización de los cementerios.
Con el paso del tiempo, hacia 1880, los higienistas incorporaron importantes avances científicos, como las teorías de Koch y Pasteur, quienes identificaron a los microorganismos como los verdaderos causantes de las enfermedades.
Desde esta perspectiva, a fines del siglo XIX se creó una gran cantidad de instituciones sanitarias. Los hospitales dejaron de ser sitios de reclusión de indigentes para transformarse en centros de cuidados médicos.
En 1882 se inauguró el Hospital San Roque (actual Ramos Mejía) y para el año 1886 abrió el Hospital Muñiz, especializado en enfermedades infecciosas. El Hospital Fernández fue creado en 1889, mientras que en 1895 se inauguró el Pirovano y en 1897 el Hospital Argerich.
En esos años los hospitales se especializaron y surgieron maternidades, consultorios externos y centros de atención de urgencias y domiciliarios. Además, se construyeron hospitales en las provincias de Córdoba, La Rioja, Salta, Chaco, Río Negro, La Pampa, Misiones y Buenos Aires.
Hacia 1891 el estado de salud de los niños era precario: enfermedades como la poliomielitis, la tos convulsa y la tuberculosis eran comunes en los conventillos. A raíz de esto, el Dr. Emilio Coni presidió una comisión para combatir la mortalidad infantil, en la que impulsó la asistencia médica gratuita y la repartición masiva de leche.
Perón y la creación del Ministerio de Salud Pública
Para 1945, después de 15 años de dictadura, un tercio de la población del país estaba subalimentada y la mortalidad infantil y las enfermedades endémicas habían crecido en forma alarmante.
Pero en 1949, durante el primer gobierno de Juan Domingo Perón, se creó el Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social a cargo del Dr. Ramón Carrillo, que impulsó una política sanitaria de alcance nacional: se crearon numerosos hospitales y centros de salud en todo el país y se puso en funcionamiento la primera fábrica nacional de medicamentos.
Los hospitales inaugurados o mejorados en esa época fueron numerosos. A partir de 1947 comenzaron a funcionar el Hospital de Roque Sáenz Peña, en Chaco; el Hospital de Jobson-Vera de la provincia de Santa Fe; el Hospital de Pinto, en Santiago del Estero; el Hospital de Puerto Iguazú, en Misiones; el Hospital de Chos Malal, en Neuquén; el Hospital de Valcheta, en Río Negro; y el Hospital de Cruz del Eje, en Córdoba.
También pabellones dedicados a distintas especialidades como el de Infecciosas en el Hospital de Santa Rosa, La Pampa, o el nuevo Pabellón de Internación en la Colonia de Alienados de Open Door, en la provincia de Buenos Aires.
En Misiones se establecieron puestos sanitarios en las localidades de Cerro Azul, Cerro Corá y Campo Viera, en la ciudad de Buenos Aires se inauguró el Instituto de Gastroenterología, de Hemoterapia y de Dermatología.
En este período se llevó a cabo una vasta labor sanitaria para enfrentar las enfermedades endémicas en las zonas más pobres del país y se erradicó el paludismo. Data de esta época el Tren Sanitario del Hospital Policlínico.
Al término de la gestión de Carrillo, en 1954, se habían elevado notablemente los índices de nutrición, higiene y bienestar de la población en las regiones más postergadas del país.
En 1968 el Dr. Carlos Alvarado comienza a implementar el Programa de Salud Rural, destinado a combatir la mortalidad infantil y la tuberculosis en Jujuy. Miembros de las comunidades, formados como agentes sanitarios, recorrían las casas para la detección temprana de enfermedades y el control de salud de los niños.
Para el año 1976, la Argentina quedó sumergida en una dictadura militar cuyas políticas generaron un gran deterioro de las condiciones de vida de amplios sectores sociales. Por ese entonces, la salud pública dejó de plantearse como responsabilidad del Estado y la atención gratuita se focalizó sólo en los grupos más vulnerables.
En 1978, en la Conferencia Internacional celebrada en Alma Ata (Kazajistán), una gran cantidad de países adoptó la atención primaria de la salud, una estrategia similar a la de Alvarado.
Del regreso de la democracia hasta hoy
Con el regreso de la democracia, en 1983, el intento de implementar políticas sanitarias equitativas se vio acotado por la deuda externa, la inflación y la fuga de capitales.
A partir de 1989, pero principalmente con la ola privatizadora de los años 90, el sector sanitario se vio fuertemente afectado, por lo que la salud y la nutrición de la población se vieron deterioradas. Como resultado de esas políticas, la atención se segmentó en servicios de alta calidad para unos pocos y una atención precaria para los sectores populares.
Luego de la crisis que sufrió el país en 2001, a partir de 2003 comenzó un periodo de redistribución del ingreso, desarrollo del mercado interno y regulación por parte del Estado. Así, resurgieron políticas de salud tendientes a garantizar la equidad de la atención.
A lo largo de los últimos 200 años, la gestión de la salud pública se ha transformado de acuerdo con las etapas político-sociales de la Argentina. Hoy las políticas sanitarias jerarquizan la prevención y la promoción de la salud, la participación social y la salud como política de Estado, porque la salud es concebida como un derecho universal de la ciudadanía.
Situación sanitaria actual
• La tasa de mortalidad argentina en 2008 fue de 7,6 por cada mil habitantes. Según sexos, en las mujeres fue de 7 y en los hombres de 8,2.
• La tasa de mortalidad infantil en 2008 fue de 12,5 por cada mil niños nacidos vivos, lo que implica una fuerte reducción respecto de los valores registrados en 1990.
• La tasa de mortalidad materna en 2008 fue de 4 mujeres por cada diez mil niños nacidos vivos.
• Las enfermedades cardiovasculares son la primera causa de muerte en la población general argentina, seguidas por los tumores y las enfermedades respiratorias.
• En los menores de 45 años, las lesiones (intencionales y accidentales) son la primera causa de muerte. Afectan especialmente a la población joven y a los hombres. No sólo causan muertes sino también secuelas por discapacidad.
• Entre 35 y 64 años, los cánceres son la primera causa de mortalidad.
• En los hombres, los cánceres de pulmón y colon causan la mayor mortalidad. El cáncer de estómago aumenta en forma proporcional a la pobreza.
• En las mujeres, el cáncer de mama es el que más frecuentemente causa la muerte. El cáncer de cuello de útero aumenta en forma proporcional a la pobreza.
• El 36,1% de los fumadores tenía en el año 2005 entre 18 y 24 años. El 35,8% tenía entre 35 y 49 años.
• El colesterol elevado explica el 18 % de la enfermedad cerebrovascular, el 59% de la enfermedad coronaria y el 8% de todas las muertes.
• En 2005, el 27,9% de la población manifestaba tener el colesterol elevado.
• En 2007, el 56,8% de los adolescentes escolarizados consumían alcohol.
• El 51% de la población argentina muestra un Índice de Masa Corporal (relación entre altura y peso) normal. El 34,4% sufre sobrepeso y el 14,6% es obeso.
• En 2008 se diagnosticaron 4.067 casos de infección por VIH y 1.403 casos de Sida. Las relaciones heterosexuales son la vía de transmisión del virus para el 87% de las mujeres y el 48% de los hombres.
• 800 argentinos mueren cada año por tuberculosis.
• La gripe A (H1N1) generó una pandemia en 2009 y causó más de 12.080 casos y 626 muertos confirmados por laboratorio en la Argentina.
• En 2009 se registraron más de 26.000 casos de dengue y cinco muertos en todo el país, mientras que este año no se produjeron decesos y hubo un millar de casos, lo que representó una reducción interanual del 96 por ciento.
Fuentes: DEIS (2008), Encuesta Nacional de Factores de Riesgo (2005), Encuesta Mundial de Salud Escolar (2007).
Metas para 2016
• Reducir 36 % la tasa de mortalidad infantil respecto del año 2007. Se aspira a llegar a una tasa de 8,5 por cada mil.
• Reducir 20% la tasa de mortalidad infantil por malformaciones congénitas.
• Disminuir 40% la mortalidad neonatal.
• Lograr que el 40% de los bebés continúen con lactancia materna al año.
• Eliminar la transmisión vectorial de Chagas en todos los menores de 5 años.
• Reducir 40% la prevalencia de anemia en menores de 2 años (respecto de 2005).
• Reducir 25% la prevalencia de obesidad en menores de 6 años.
• Disminuir 70% la mortalidad materna. Se aspira a una tasa de 1,3 muertes por cada diez mil niños nacidos vivos. Actualmente, la tasa es de 4.
• Lograr que al menos el 80% de embarazadas tenga su primer control antes de la semana veinte de gestación.
• Reducir la prevalencia de VIH en mujeres embarazadas al 0,40% respecto de 2008.
• Aprobación de ambientes 100% libres de humo en todas las provincias.
• Reducir un 20% el consumo de tabaco en adolescentes.
• Reducir la tasa de natalidad entre adolescentes.
• Reducir la prevalencia de consumo de alcohol en adolescentes de 13 a 16 años.
• Reducir a la mitad la incidencia y mortalidad por tuberculosis (respecto de 1990).
• Lograr que todos los casos de tuberculosis completen el tratamiento.
• Reducir por lo menos en 2 puntos la tasa de mortalidad por cáncer cérvico uterino (respecto de 2008).
• Certificar la interrupción de la transmisión vectorial de Chagas en 16 provincias y consolidar acciones para interrumpirla en Chaco, Santiago del Estero, Formosa, San Juan y Mendoza.
• Reducir la mortalidad por Sida a 30 por 100.000.
• Eliminar la rabia humana transmitida por el perro.
• Disminuir 5% el sobrepeso y la obesidad en mayores de 18 años (respecto de 2005).
• Bajar el consumo de sal a menos de 9 gramos por habitante.
• Reducir 30% la presión arterial elevada.
• Bajar las muertes por lesiones de tránsito a 8 por cada 100.000 habitantes.
• Aumentar el consumo de frutas y hortalizas a 300 gramos por día y por persona.
Dra. laura Cartuccia
Informe visto y leido en el Ministerio de Salud de la Nacion
24 de Mayo de 2010

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